Es tal vez un poco tarde para hacer un artículo, pero más vale tarde que nunca. Además, hoy hace un mes del cumpleaños de nuestro Freddie, así que tampoco está tan mal, ¿no? Seré bastante sincera con este resumen. Espero que mis compañeros de viaje me rectifiquen, añadan o comenten cositas
Llegamos el jueves día 1 de septiembre a Ginebra. Teníamos muchísimas ganas de llegar a Montreux. Íbamos con cierta tristeza debido a que Kashmira Cook no podía venir por “problemas personales”. Nada más llegar, fuimos a ver la estatua. Hacía sol y todo estaba precioso, como siempre. Montreux (siempre lo digo y siempre lo diré) es un pueblo precioso, con mucho color y belleza, y me parece un emplazamiento estupendo y perfecto para Freddie. Vimos que ya había gente allí, pese a que la fiesta comenzaba el día siguiente. Fuimos a nuestro apartamento, desde donde se veía el apartamento que tenía Freddie en Montreux y unas vistas maravillosas del lago y las montañas. Esa noche, fuimos a cenar y nos dirigimos a la estatua de nuevo para contemplar el reflejo de las luces que alumbran la orilla del lago en el metal del que está hecho. Es una estatua grande, de unos 2m y medio de alto (contando el brazo en alto). Estuvimos hablando con una amiga de Freddie, que estuvo allí todas las noches, mirándo la estatua y llorando. De repente, una terrible y estruendosa tormenta nos cayó encima. Esa noche terminó para nosotras repentinamente entre carreras y lluvia.
Al día siguiente, llegaron nuestros amigos en tren. Fuimos a por ellos a la estación, fueron encontrando sus respectivos hoteles y nos fuimos a dar una vuelta a lo que queda de los Mountain Studios. Allí nos hicimosmuchas fotos, hubo gente que firmó con emotivas palabras, leimos palabras de hace tiempo… Fue la primera parada obligada para un fan que va allí. Lo único malo de esa entrada es el olor a orín que te inunda las fosas nasales cuando llegas a esa puerta. Me parece impresionante que la gente sea tan descuidada en un lugar tan especial para algunos. Nuestra segunda parada fue la estatua. Cada vez que la mirábamos, algo nos corría por dentro… Es una sensación muy especial, sobre todo si estás sentado en la plataforma volante. Es la foto que todos hemos visto: gente sentada en la plataforma y Freddie mirando al lago. Y estar allí, en ese mismo instante es realmente mágico, os lo aseguro. Pasamos una tarde entre risas y encuentros con Peter Freestone (un poco en baja forma y con mal humor), Rita y Norbert -Montreux Music Team-. Comimos en “The White Horse”, magnífico restaurante-bar donde se come de vicio, pero también es carillo, todo hay que decirlo. Por la tarde, pasamos una feliz velada disfrutando del sol, de la música de Queen y de un agradable baño en las estupendas aguas del lago Leman junto con más queeneros conocidos. Por la tarde el sol nos achicharró totalmente, disfrutamos de la música, bailamos, reimos y conocimos a mucha gente en persona a la que habíamos visto por Facebook. De noche, una lujosa cena del McDonalds y dos de las mejores bandas tributo que vi: una acústica, ritmos alegres, bongos, temas que jamás pensaba escuchar en acústico…; y otra genial interpretación de temas con violines, violonchelos, contrabajos, un tenor y una soprano, con la compañía de nuestros amigos, bajo el cielo estrellado de Montreux y junto a la estatua de Freddie. Resumen de la noche: IMPAGABLE.
Al día siguiente, disfrutamos de una mañana soleada en la que, desgraciadamente, tuvimos que separarnos para coger el barco que da una vuelta por el lago. Sobre las 14h, tocaron parte de nuestros colegas en la formación Ashen Crows, en la plataforma volante, todo un honor para un queenero. Contemos la colaboración de David Drums a la batería en uno de los temas más bonitos de la banda, No One But You. Muy emotivo, precioso detalle. La tarde pasó entre paseos, risas, una visita al concierto que se realizaba en la Iglesia del pueblo con “The Royal Squeeze Box” y una breve pero agradable visita al museo que un gran queenero super agradable había preparado con sus obras de arte dedicadas a Freddie y a Queen. Maravilloso tengo que decir. Esa noche, estuvimos tomando un cocktail en nuestro apartamento con un nuevo compadre venido desde Valencia, aprovechando el frescor que la lluvia había dejado esa misma tarde. Por la noche, el espectáculo de imágenes en el agua. Qué decir de ello… Podían haberlo explotado muchísimo más, fue bastante decepcionante, en serio. Para proyectar fotos en una pantalla sobre el agua, pues podían haber hecho montajes, gifs o algo parecido, no fotos vistas mil veces, flores y cosas que no tenía nada que ver… Pero en fin, fue original, dentro de lo que cabe. Tras esto, unos buenos ratos con los músicos acústicos del día anterior en la estatua, trasnochando, cantando canciones, bebiendo sangría, disfrutando de la magnífica noche que se había quedado… Una noche perfecta.
Al día siguiente pude tomar el barco que nos llevaba a ver la casa del Lago, portada del “Made In Heaven”, el apartamento de Freddie, nos daba un agradable paseo por la orilla del lago, nos deleitaron con bonitos temas “The Royal Squeeze Box” acompañados de una soprano, etc. Fue una bonita travesía, sin duda. A la vuelta, una última comida con nuestros amigos y concierto en el mercado (empezaba a llover). El grupo se dispersó, pues nosotras nos quedamos para el cumpleaños de Freddie, el cual fue esa misma noche, domingo día 4 de septiembre, a las 00h, ya día 5, brindando y felicitando a Freddie. Curiosamente, al igual que el primer día que llegamos, de repente comenzó a llover, haciendo que todo el mundo corriera despavorido hacia donde pudiera cubrirse. Fue una noche pasada por agua y fría, pero bastante especial.
Al día siguiente nos despedimos de Él, abrazamos su dulce metal y nos volvimos a nuestra casa. Espero volver a repetir esta experiencia con mis amigos, pues ha sido muy especial poder compartirlo con más gente. Y espero también que cada año seamos más.